Belgrano

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Belgrano tiende a quedar afuera de los recorridos turísticos por Buenos Aires debido a su lejanía respecto del centro de la ciudad. Sin embargo, este barrio residencial y encantador guarda unos cuantos rincones que bien ameritan una escapada.


Avenida Cabildo y alrededores

Es el corredor comercial por excelencia de Belgrano. Desde Federico Lacroze hasta Monroe, son casi veinte cuadras de locales que se van sucediendo en un continuado de tiendas de ropa, lencerías, zapaterías, librerías, casas de electrodomésticos, negocios de chucherías, perfumerías, bancos y más. Entre José Hernández y Echeverría se ubican los comercios más lindos y sofisticados. Vale la pena darse una vuelta por la tradicional Galería Belgrano -entre La Pampa y Sucre- que todavía conserva los aires de alcurnia del barrio. Una visita aparte merece La Casa del Ángel -Sucre entre Cuba y Arcos, a tres cuadras de Cabildo-, un shopping mínimo a cielo abierto que concentra el paseo más elegante de la zona. Para las gangas y oportunidades conviene adentrarse en la zona entre Juramento y Monroe.

El barrio fue creado hace más de un siglo y medio como pueblo para el veraneo de las familias más ricas de la ciudad

Las Barrancas

Se trata del pulmón verde de Belgrano -delimitado por las calles La Pampa, Sucre, Echeverría, 11 de Septiembre y Juramento-, es bellísimo gracias a su terreno ondulado, escalinatas, árboles altos y frondosos, senderos de ladrillos, elegantes faroles dorados, variedad de estatuas y una emblemática glorieta donde los fines de semana la gente se reúne a bailar tango. El parque fue diseñado en 1892 por el célebre arquitecto paisajista Carlos Thays y hasta hoy conserva, en gran medida, su espíritu original. El predio esconde una joya que resulta poco conocida incluso para los vecinos del barrio: una copia en tamaño reducido de la estatua de la Libertad realizada por el autor del coloso de la bahía de Nueva York, el francés Fréderic Bartholdi.

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EL BARRIO CHINO

Con eje en unas pocas cuadras de la calle Arribeños (entre Juramento y Blanco Encalada) en las que se desarrolla una intensa actividad comercial, el barrio chino porteño concentra la mayor cantidad de locales asiáticos de toda la ciudad. La zona comenzó a desarrollarse en los tempranos noventas y desde entonces fue consolidándose como la meca de chefs y almas gourmet que acuden a sus supermercados en busca de sabores exóticos, especias, frutas, pescados, tes y otras delicias difíciles de conseguir. Colorido, popular y especialmente bullicioso los fines de semana, vale la pena acercarse a estas cuadras para comer en alguno de sus restaurantes o puestos al paso y deambular sin orden entre sus tiendas. Dos datos clave: uno, que en casi ningún comercio aceptan tarjetas de crédito; y dos, los lunes la mayoría de los locales permanecen cerrados.

* TIP: IMPERDIBLE LA FOTO BAJO EL ARCO DE ENTRADA UBICADO EN ARRIBEÑOS Y JURAMENTO, JUSTO AL COSTADO DE LA ESTACIÓN DE TREN BELGRANO C.


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EL MUSEO DE ARTE ESPAÑOL ENRIQUE LARRETA

Exactamente en Juramento al 2291 (y enfrente, también, de la plaza Manuel Belgrano), el museo está alojado en una casona de estilo neocolonial que perteneció al escritor y coleccionista argentino Enrique Larreta. Guarda en su interior una pinacoteca de obras que abarcan desde el medioevo hasta principios del siglo veinte, aunque lo más lindo del predio es el jardín de estilo andaluz que por sí solo merece una visita gracias a sus encantadoras fuentes, esculturas, árboles exóticos y senderos laberínticos. La visita bien merece la pena una parada en el restaurante del museo, Croque Madame, que ofrece mesas al aire libre y acceso directo al jardín.

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La Redonda

Icono indiscutido del barrio y uno de los templos más singulares de Buenos Aires, la Parroquia de la Inmaculada Concepción es obra de los arquitectos Nicolás Canale y Juan Antonio Buschiazzo. Más conocida como La Redonda de Belgrano gracias a su planta circular, la construcción está coronada por una cúpula de veinte metros de diámetro y cuarenta de altura que le otorga una enorme potencia visual. Queda en Juramento y Vuelta de Obligado, frente a la plaza Manuel Belgrano y junto a una atractiva recova. Por lo demás, en los cercanos alrededores hay muchísimos cafés y excelentes heladerías, chocolaterías, librerías y tiendas de decoración.

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Belgrano R

Entre las vías del ferrocarril ramal Mitre, Forest, Elcano y Melián aparece un sub-barrio de tinte anglosajón, de frondosos árboles, de enormes mansiones y de calles empedradas y tranquilas. Se trata del enclave conocido como Belgrano R (por estar en la traza del tren que se dirigía a la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe), elegante en cada una de sus cuadras y con epicentro en la Plaza Castelli, rodeada de agradables cafés. Especialmente atractivo en otoño, Belgrano R es esa pieza que termina de convertir a Belgrano en un barrio que, prácticamente, lo tiene todo.

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El Bajo

El Bajo Belgrano o Belgrano Chico (que es, básicamente, la zona que va desde la Avenida del Libertador hacia el río) conformaba en el pasado un área fabril y olvidada que a lo largo de las últimas décadas -boom inmobiliario mediante- fue floreándose hasta convertirse en un barrio agradable, bien conectado y rodeado de amplios parques. En la esquina de Sucre y Figueroa Alcorta se formó, además, un pequeño pero interesante polo gastronómico donde sobresale el legendario Sucre, comandado por uno de los más reconocidos chefs argentinos, Fernando Trocca (Sucre 676).

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El Solar de la Abadía

Conocido entre los vecinos del barrio como “el Solar” a secas, se trata un pequeño pero sofisticado shopping (con unos ochenta locales) justo enfrente de la Abadía de San Benito y en una zona que ya amaga en convertirse en Las Cañitas. Comprendido entre las calles Luis María Campos, Gorostiaga, Maure y Arce, el Solar fue inaugurado en 1995 y construido en lo que alguna vez fue una fábrica de hielo seco. Ese reciclaje le valió al estudio de arquitectos a cargo el premio Maxi Award ’97 al diseño más innovador.


Microbarrio de embajadas

En un contorno de límites no demasiado precisos (pero delimitado, aproximadamente, por las calles Virrey del Pino, Arcos, Maure y Luis María Campos) quedan en pie una buena cantidad de mansiones, muchas de ellas convertidas hoy en embajadas o colegios privados. En un marco de altísimos árboles y calles empedradas ese muestrario arquitectónico se presenta ideal para un paseo matutino.

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