Buenos Aires según Marta Minujín: arte, lujo y hormiguitas

Excéntrica e hiperactiva, la artista que saltó a la fama en los 70 gracias a sus happenings sigue hoy tan activa como en su juventud. Gracias a su obra, vivió en París y en Nueva York, donde se convirtió en una gran amiga de Andy Warhol. Pero decidió volver a Buenos Aires, donde vive enamorada del Obelisco y del río.

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Buenos Aires según Marta Minujín: arte, lujo y hormiguitas

13 nov, 2015

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Excéntrica e hiperactiva, la artista que saltó a la fama en los 70 gracias a sus happenings sigue hoy tan activa como en su juventud. Gracias a su obra, vivió en París y en Nueva York, donde se convirtió en una gran amiga de Andy Warhol. Pero decidió volver a Buenos Aires, donde vive enamorada del Obelisco y del río.

Marta Minujín
Marta Minujín


¿Cuál es tu lugar preferido de Buenos Aires?

Puerto Madero, porque me encanta caminar por los muelles para sentirme en contacto con la naturaleza. Generalmente voy de noche, sobre todo en días de semana, cuando hay muy poca gente. Estar al lado del río me produce mucha paz, sobre todo si sale la luna y puedo verla ahí a cielo abierto.





¿Qué otras cosas hacés para escapar de la vorágine urbana?

Salir a navegar en velero con mi familia, porque la embarcación se desprende de la tierra y puedo soltar cualquier problema: todo lo malo queda en la ciudad y yo me alejo en el agua…


En cambio, si necesitás sentir el pulso vital de Buenos Aires, experimentar su faceta más energizante, ¿a dónde te dirigís?

El Obelisco, sin dudas, es lo más potente de la ciudad. Cuando voy de mi casa en Recoleta a mi taller en San Cristóbal, voy por la Avenida 9 de Julio y siempre paso por ahí al mediodía, cuando hay ríos humanos que cruzan las calles. Me impacta ese paisaje. Además, con el Obelisco tengo una relación muy especial: fue protagonista de mis obras muchísimas veces, ¡hasta entré a él! Me dieron la llave y subí a filmar una película desde su ventanita, en 1978.


¿Y cómo se ve Buenos Aires desde arriba del Obelisco?

Es maravilloso. Ves a la gente como si fueran hormigas, pero no negras, sino de muchos colores diferentes. Quise pintar el interior del monumento, para que hubiese una obra de arte escondida que nadie viera y, quizás, se descubriera en mil años, ¡pero no me dejaron! Tengo que volver a insistir…


¿Cuál es para vos el lugar más creativo de la ciudad?

Palermo, sin dudas. Hay mucha diversidad de artistas y propuestas, pero una onda creativa general que no hay en ninguna otra zona de Buenos Aires.





Viviste en Nueva York y París. ¿Por qué volviste a Buenos Aires?

En primer lugar, porque tengo una casa que heredé de mi padre que es mi lugar en el mundo. También estoy acá por mis afectos: no me imagino mi vida sin ellos. Y por último, porque tengo acá el mejor taller que podría tener, enorme y súper cómodo, que no imagino que podría existir en ningún otro lado.


Vivís en el barrio de Recoleta. ¿Qué ves cuando te sentás a tomar un café?

Estoy en la zona de la Plaza Vicente López que me encanta. Hay muchos bebés que van en cochecito con sus mamás, pero también hay unas señoras muy añejas que se visten como si todavía viviesen a principios del siglo pasado, rescatando el estilo de otros tiempos… También me gusta ver pasar a los corredores que se entrenan en la plaza. Es un barrio muy estimulante.


Si Andy Warhol te viniera a visitar, ¿a dónde lo llevarías?

Facilísimo: iríamos a caminar por la Avenida Alvear, a disfrutar de esa zona elegantísima y a ver gente linda. A él le gustaban las personas distinguidas y el lujo, así que seguro que le encantaría sacar fotos en el Hotel Alvear y el Patio Bullrich. Y a comer, lo llevaría a La Rambla, un bar en Ayacucho y Posadas donde ya me conocen bien, porque voy todos los días desde hace treinta años.





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