Que hacer en Tigre y San Isidro

Un paraíso a media hora de la Ciudad de Buenos Aires

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Que hacer en Tigre y San Isidro

07 feb, 2018

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Un paraíso a media hora de la Ciudad de Buenos Aires

Tigre y el delta del Paraná: Qué hacer y qué ver en el Tigre y Delta


Un río caudaloso que desemboca  en otro río forma al cuarto delta más grande del mundo. Un paseo de calles y avenidas de agua enmarcado en un paisaje silvestre, tranquilo y silencioso. A treinta minutos del Cabildo o de Plaza de Mayo, hacia el norte, los suburbios de la ciudad de Buenos Aires se convierten en una zona de naturaleza silvestre con cientos de pequeñas islas que forman el delta del Paraná que hasta hoy continúa creciendo. Hablamos del lugar donde desemboca el río Paraná para encontrarse con el río de La Plata y fundir sus aguas en un juego de fuerzas donde los límites se difuminan y se comienzan a confundir primero con el mar y luego, finalmente, con el nirvana del océano.

En auto, en colectivo, por autopista, en tren o en barco, a la localidad de Tigre se puede llegar por casi todos los medios de transporte. Desde la Estación Fluvial los aventureros –y  los no tanto- podrán sumergirse en este universo de islas. El continuo crecimiento del delta se debe a la sedimentación constante que trae consigo el aluvión de agua del Paraná –alimentado por los ríos Bermejo e Iguazú- que termina formando los centenares de islas repletas de una poderosa flora y fauna similares a las de una selva tropical. Incluso para los mismos porteños, el delta es sinónimo de paraíso, de silencio, de serenidad y de naturaleza a pocos kilómetros de sus casas.

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Que hacer en el Tigre y delta del Paraná

Ríos, arroyos y canales se abren a través de islas de diferentes tamaños, todas con forma de plato de sopa, es decir, con sus costas o albardones altos y sus centros bajos y pantanosos. De ahí que desde el recorrido en barquito, lancha, bote, kayak o canoa, se divisen las casas de los vecinos de este barrio sin autos, calles o avenidas. El Delta del Paraná viene a ser como una Venecia silvestre, al natural con calles y avenidas de agua.




Los muelles de madera y las casas construidas sobre pilotes forman parte del típico paisaje ribereño junto con los sauces, los ceibos, las casuarinas, los juncos y los liquidámbares sobre los que crecen claveles del aire y las llamadas barbas de viejo. Las vistas hacia los canales y arroyos con el viento sobre la cara y con sus claroscuros de rayos de sol que atraviesan la intrincada red de árboles, hojas y ramas generan verdaderas postales de paz que parecieran estar implicadas en la cruzada de convencer al visitante de mudarse allí para descubrir el ritmo pausado y silencioso de la vida local con lanchas almacenes y tardecitas de sol y mate sobre los muelles.

El delta en verano

Todas las estaciones tienen su encanto en el delta. El verano estalla con actividades acuáticas entre las que el remo es uno de los hits infalibles. De hecho, Tigre está repleto de clubes de remo como el Rowing inglés que fue el primero en instalarse en el lugar. En las islas funcionan recreos abiertos al público, restaurantes como El gato blanco y todo tipo de posadas, cabañas y hoteles como El Descanso –donde cuentan que se hospedó Madonna- y el Delta Eco Spa que sorprende con una estructura basada sobre un laberinto de pasarelas de madera que atraviesan el río en diferentes direcciones.

El delta en otoño

El otoño, siempre amable en Buenos Aires, sorprende con un arco iris de de hojas: una paleta de colores que va desde el marrón pasando por el amarillo, el rojo, el naranja y el dorado. Y como el verano deja algo de calidez en el aire los paseos acuáticos continúan siendo un placer.

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El delta en invierno

El invierno invita a quedarse sobre tierra firme para evitar el frío húmedo de la zona. Durante estos meses, Tigre despliega todo su esplendor y ofrece distintas actividades para todos los gustos: el Museo de Tigre –una residencia señorial donde se expone arte argentino que también es utilizada como locación para decenas de películas y comerciales de televisión  donde se destaca el impresionante balcón terraza desde donde, en el pasado, los aristócratas de la zona contemplaban las regatas-; el casino para los jugadores; el Parque de la Costa para los que vienen con niños; el Paseo Victorica –una extensión de diez cuadras de césped bien cuidado, farolitos, bancos y un festival de locales gastronómicos para elegir ; y el Puerto de Frutos – aquí se pueden adquirir en sólo un puñado de locales cítricos, ciruelas, membrillos y objetos de mimbre que son propios de las islas-.

El delta en primavera

Una multitud de especies de aves de distintos colores y tamaños se congrega en el delta durante la primavera justo cuando las azaleas florecen y los árboles se pintan de verde. En esta época del año se disfrutan los paseos en bote para disfrutar a pleno de los sonidos propios de una naturaleza silvestre, en crecimiento y a unos pocos minutos del caos urbano.

Dos imperdibles para todo el año: la casa de Sarmiento –uno de los próceres más admirados de la Argentina- absolutamente vidriada para evitar posibles daños por el agua y la casa de té Alpenhaus donde se sirven las más deliciosas dulzuras austríacas.




San Isidro: entre aljibes y mansiones - Qué hacer y qué ver en San Isidro


Arquitectura y urbanismo colonial. Deportes y cultura. El partido de San Isidro combina aristocracia y belleza en los suburbios de la ciudad.

Se trata de uno de los suburbios más aristocráticos y antiguos del país. Los porteños le dicen zona norte como si San Isidro no formara parte del conurbano bonaerense sino sólo una extensión residencial de la capital. Va desde la autopista Panamericana hasta la costa del Río de la Plata y en este recorrido se impone como un destino donde la cultura, los deportes, la arquitectura y la vida colonial del siglo 19 confluyen en postales inolvidables. El partido de San Isidro –enorme en su extensión con localidades como la misma San Isidro, Acassusso, Martínez y Beccar- cuenta la historia de una Buenos Aires colonial de pueblo con un casco histórico de adoquines que todavía conserva algunas de las casas de fin de semana de las familias porteñas más adineradas. Hoy ese espíritu continúa vigente: la mayoría de las casas tienen jardín y pileta, además de la presencia de lujosos barrios privados como el Boating que ofrece a sus vecinos muelles individuales. 

Junto con una arquitectura de estilo colonial, pero también moderno, los altos de la barranca que atraviesa todo el corredor de la avenida del Libertador, ofrece las mejores fachadas para apreciar siempre desde abajo donde las vías del tren de la Costa y la orilla del Río de la Plata se unen en un paseo de doble horizonte: el del río y el de las mansiones de la barranca.

Catedral San Isidro

Qué ver en San Isidro


Cultura y urbanismo

De los tiempos de la colonia conviene visitar la quinta Los Ombúes que conserva la arquitectura colonial original con aljibe, patio central, galerías y jardines. La catedral de San Isidro ubicada frente a la plaza principal es otro de los hitos obligatorios para dar una vuelta junto con el Palacio Sans Souci y Villa Ocampo, la residencia de verano de Victoria Ocampo, una prestigiosa y vanguardista escritora argentina a quien le encantaba recibir visitas de intelectuales de la época, entre ellas, Graham Greene, Albert Camus, Saint Exupery, Le Corbusier, Pablo Neruda y Ortega y Gasset, entre otros. Las salas y los jardines de esta hermosa residencia son de los intensos debates y charlas de grandes pensadores.

Catedral del rugby

En armonía con el nivel económico y social de las casas y residencias de la localidad, San Isidro es también una zona de colegios bilingües y exclusivos sólo aptos para aquellos con las fortunas necesarias para pagar las cuotas todos los meses. Además, es considerada la capital del rugby debido a que alberga a dos de los clubes históricos del deporte en Argentina: el Club Atlético San Isidro (CASI) y el San Isidro Club (SIC).

Mansión Villa Ocampo

Deportes y gastronomía

El paseo a San Isidro puede incluir una visita al Hipódromo, el primero con pista de césped, donde todos los años se corre el premio Carlos Pellegrini, uno de los más importantes del país. La cercanía con el río le suma un perfil náutico a la localidad con escuelas y lugares –Perú Beach es el más conocido- donde se puede aprender y practicar windsurf y kitesurf.
En el itinerario de qué hacer en San Isidro no puede faltar la gastronomía que se extiende por dos zonas: la avenida Dardo Rocha con restaurantes exclusivos con vista al Hipódromo y todo el Bajo por donde se alternan distintos bares de moda y restós con el río de horizonte.
San Isidro cuenta con un pequeño centro comercial, aunque sus verdaderos encantos se encuentran en la arquitectura, el urbanismo, la naturaleza, la historia y la importancia de los deportes.





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