Recoleta

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Recoleta es el símbolo máximo de la tradición y la elegancia porteña. Sus edificios al estilo Belle Époque; sus distinguidas y anchas avenidas en las que se establecieron marcas internacionales de diseño; sus perfectas y centenarias plazas; y sus exclusivos restaurantes de alta gama: todos ellos hicieron que Buenos Aires fuese bautizada “la París de Sudamérica”. Y no es casualidad que su principal espacio verde se llame Plaza Francia…

Este parque es uno de las más concurridos durante los fines de semana. A su alrededor se encuentran el convocante y siempre interesante Centro Cultural Recoleta -ver calendario de eventos-; la histórica Basílica de Nuestra Señora del Pilar -elegida por las familias de la alta sociedad para celebrar sus casamientos y bautismos-; y el famoso Cementerio de la Recoleta. Este último bien puede compararse con el aún más célebre Père-Lachaise parisino, tanto por la pomposa arquitectura de sus mausoleos (se dice que es más barato disfrutar toda una vida en la Recoleta que morir en una de estas bóvedas), como por los personajes ilustres que allí descansan.

Evita Perón, Victoria Ocampo, Juan Manuel de Rosas, Domingo Faustino Sarmiento, Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo. Todos se encuentran en alguna de las casi cinco mil bóvedas que componen el cementerio, y 80 de ellas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional. Es curioso que personas a veces tan disímiles y hasta enemigas reposen hasta la eternidad a solo metros de distancia.

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Pero más llamativo todavía es que, muros afuera, se concentre el principal distrito de restaurantes, bares y paseos comerciales del barrio. Desde el tradicional café La Biela hasta el novísimo Recoleta Shopping Mall, la oferta de entretenimiento y compras es realmente admirable. También lo es el contraste: la Plaza Francia, donde funciona todos los fines de semana una desbordante “feria hippie” de artesanos, músicos callejeros y acróbatas, es a su vez el punto de partida para caminar la inigualable Avenida Alvear.

Esta calle de apenas 700 metros es el ícono indiscutible de la aristocracia porteña, donde se construyeron magníficas mansiones y palacios, hoy devenidos en hoteles de lujo, embajadas, clubes privados y casas de marcas top como Yves Saint Laurent, Valentino, Hermes, Cartier y Hermenegildo Zegna. Así, la Avenida Alvear es una especie de Les Champs Elyseés, o de Quinta Avenida, sobre todo desde que entró, junto a ellas, al ránking de las cinco mejores calles del mundo para hacer shopping de lujo.

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El Alvear Hotel -ideal para hacer brunch o tomar el té y sentirse como de la nobleza-, el Palacio Duhau y su exquisito jardín, la Embajada de Francia, y la Nunciatura del Vaticano, son algunos de los exponentes arquitectónicos más selectos de la avenida. Y a pocos pasos, sobre la calle Posadas, se encuentra otro edificio igual de glamoroso: el Patio Bullrich, la galería de compras más exclusiva de la ciudad, con marcas como Hugo Boss, Swarovski y Tiffany & Co.

MÁS ALLÁ DEL LUJO

Recoleta es también sinónimo de arte y cultura. Además del ya mencionado Centro Cultural, este barrio es sede del Museo Nacional Bellas Artes: el más importante de la ciudad, con más de 11.000 piezas en su colección. También del Palais de Glace, del imponente edificio neoclásico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y de la Floralis Genérica. Esta escultura de aluminio y acero de 25 metros de alto y con forma de flor fue emplazada como símbolo de “una nueva primavera para el país”, luego de la crisis del 2001.

Otra estructura loable es la Biblioteca Nacional, inaugurada en 1992 y muy cuestionada por su diseño. Es una obra de estilo brutalista firmada por Clorindo Testa, uno de los arquitectos contemporáneos más relevantes y prolíficos del país. Él nombre a su proyecto “cuadrúpedo” por las cuatro columnas que sostienen a los enormes bloques de hormigón. En medio del refinamiento clásico propio del barrio, la biblioteca puede causar cierta sorpresa y hasta rechazo, pero no te pierdas su secreto mejor guardado: la magnífica vista panorámica de la ciudad y el río desde su terraza vidriada.

Y si de tesoros escondidos se trata, ninguno más exquisito que La Isla, una zona de unas pocas manzanas sobre un terreno elevado. Otra vez, te vas a sentir como si hubieses viajado a París, pero acá sumamos el componente gastronómico. En la callecita empedrada Francisco de Vittoria encontrarás el mini bistró y patisserie Florencio, un local de apenas cinco mesas con la mejor carta dulce del barrio. ¿Podrás elegir entre la cheesecake de frutos rojos, la mousse de dulce de leche o la torta de peras y caramelo? Pedí una sola ¡o todas! y viví una verdadera tarde de opulencia y excesos al mejor estilo recoleto. ¡Bon appetit!

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